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miércoles, 22 de julio de 2009

Voto blanco impulsó participación electoral: IFE

El consejero electoral Marco Antonio Baños aceptó que la promoción a favor del "voto en blanco" contribuyó a incrementar la participación ciudadana en la pasada contienda electoral, a través de los sufragios nulos.

Entrevistado en la sede del Instituto Nacional de Administración Pública (INAP) precisó que las cifras electorales reflejan que a nivel nacional el voto nulo se incrementó en más de cinco por ciento respecto de 2003, mientras que en el caso del Distrito Federal registró un porcentaje de más de 11 por ciento.

Adelantó que la Comisión de Capacitación y Organización Electoral que encabeza se reunirá este jueves para ultimar los detalles del proyecto de acuerdo a fin de realizar el estudio muestral y con ello determinar, entre otras cosas, la influencia real del voto en blanco en la pasada contienda.

"Tengo la sensación de que la campaña de algunas organizaciones sociales, comunicadores, algunos intelectuales con el voto blanco sí tuvo algún impacto, porque en el fondo como lo dije antes de la jornada electoral la promoción del voto en blanco en rigor era un llamado también a la participación ciudadana" , refirió.

Aseguró que el Instituto Federal Electoral (IFE) "se comprometió que respetaría la decisión del ciudadano si deseaba anular el voto y ese fue el compromiso cumplido, los votos están registrados ahí" .

Entrevistado luego de inaugurar el Museo de la Democracia en el INAP, Baños Martínez rechazó las afirmaciones de la representante del Partido Verde Ecologista de México (PVEM) , Sara Castellanos, en el sentido de que los consejeros tienen preferencias partidistas.

"Yo rechazo que los consejeros tengan preferencias partidistas, los consejeros electorales nos guiamos por el principio de imparcialidad, damos el trato igual a todos los partidos políticos, nos apegamos a la ley" , expuso.

Recordó que el arbitraje que desarrolla el Consejo General del IFE lleva a discutir temas que pueden ser sensibles para los institutos políticos, por lo que no comparte el criterio de que los consejeros tenga alguna opción partidaria, "de ninguna manera, estamos comprometidos con la ley" .

domingo, 5 de julio de 2009

Se dispara a 400%voto nulo en la ciudad: IEDF

Notimex

El Instituto Electoral del Distrito Federal (IEDF) reconoció que en esta jornada electoral el voto nulo se disparó a 400%, en comparación con la última elección en 2006.

El consejero electoral Néstor Vargas subrayó que hace tres años el voto nulo en el Distrito Federal alcanzó apenas 3% de la votación, en tanto que hoy se reporta 12% en los resultados preliminares.

En entrevista, al término de la sesión permanente del Consejo General del IEDF, reconoció que esa cifra es preocupante y merece la reflexión de los partidos políticos y del propio órgano electoral capitalino.

"Históricamente había estado el voto nulo entre tres y 3.5%, pero ahorita estamos aproximadamente entre 10 y 12%, que sí, suma mucho, suma más tal vez que los partidos de reciente creación", consideró.Ante ello, comentó que tal cifra representa "un atentado democrático a la democracia, porque es un derecho que tienen los ciudadanos de anular su voto".

Indicó que hasta el momento los resultados emitidos por el Programa de Resultados Electorales Preliminares (PREP) se sustentan por 12% del total de la captura de los resultados electorales.

Uno de cada diez ciudadanos anuló voto: encuesta

Noemí Gutierrez
El Universal

En esta jornada electoral uno de cada 10 ciudadanos anuló, voto en blanco o sufragó por un candidato no registrado, de acuerdo a la encuesta de la Fundación Este País, el IPN y el ITAM.

Según la encuesta, siete de cada 10 ciudadanos, que acudieron a las urnas a votar o sufragar en blanco están muy de acuerdo con reducir el número de diputados federales. En tanto que uno de cada dos que voto o anuló está total o muy de acuerdo de que existan candidaturas independientes.

Federico Reyes Heroles, de la Fundación Este País presentó los resultados de la Encuesta Sobre el Sentir Ciudadano para conocer las preocupaciones de votantes y abstencionistas activos. En el ejercicio de opinión participaron 14 mil 884 ciudadanos que acudieron este domingo a las urnas.

El empresario Alejandro Martí destacó los resultados preliminares de la encuesta ya que le demostrará a los partidos políticos el sentir de la ciudadanía, sobre todo, luego de la polémica del voto en blanco.

El presidente de la organización México S.O.S., resaltó que desde este momento se tendrá un nuevo México, ya que con este instrumento ciudadano único se conoce por primera vez el sentimiento de la población.

Federico Reyes Heroles criticó la campaña de estigmatización contra los grupos que promovieron el voto nulo o blanco, ya que de acuerdo a esta encuesta no existe una diferencia entre el sentir de los que votaron por candidato o partido o los que los hicieron en blanco.

En conferencia de prensa en las instalaciones de la Fundación Este País señaló que este es un claro mensaje al Poder Legislativo de que los ciudadano no se sienten representados. Dijo que con esta encuesta se le ponen cifras a un sentir ciudadano y es un mensaje a las dirigencias de los partidos de la expresión ciudadana.

De acuerdo a los resultados que explicó Eduardo Berumen, del total de los encuestados, 46% de los que votaron por candidato o partido no se siente representado por su diputado federal y la cifra aumenta a 60% de los que anularon su voto.

Los ciudadanos que sufragaron le otorgaron una calificación de cinco al preguntarle si creen que los candidatos van a cumplir sus promesas de campaña; los que anularon su voto los califican con 4.2.

De los casi 15 mil encuestados, 72% de ambos grupos no recibieron durante los tres años información de su diputado federal para explicarles actividades y resultados.

De los que votaron, 53% considera que este proceso electoral ha sido mejor que los anteriores, en tanto que los anulistas fue un 38%.

La encuesta costó de 3.5 a 4 millones de pesos y fue financiada por 16 grupos, entre los que están Casa Cuervo, Banamex, Fundación S.O.S. México, Fundación Telmex, Grupo Modelo, entre otros.

Los resultados de esta encuesta se presentan a las 21:30 horas en el IFE y luego en reuniones con dirigentes de partidos políticos.

Voto nulo alcanza cuarto lugar

José Gerardo Mejía y Francisco Reséndiz
El Universal

Tras la promoción de distintos grupos sociales, académicos y comunicadores para votar a favor del voto nulo, dicha votación se perfila como la cuarta opción más votada en el país en una cerrada competencia con el Partido Verde Ecologista de México (PVEM).

De acuerdo a datos del Instituto Federal Electoral (IFE), el llamado voto blanco alcanzó este domingo su máximo histórico al sumar más de 1.3 millones de sufragios, además del .22% que se dio a favor de un candidato no registrado, como se dio con nombres como "Esperanza marchita", y distintos héroes nacionales.

Solamente en el Distrito Federal, el voto en blanco sumaba 308 mil 754 sufragios, y 11 mil 936 votos por un candidato no registrado para quedar como cuarta fuerza política; en tanto que en Jalisco, entidad ubicada como la una de este movimiento, sumaba más de 93 mil sufragios, con lo que se ubicó como tercera fuerza política, al igual que en entidades como Aguascalientes

Con un porcentaje de más del 60% de votos contabilizados en el Programa de Resultados Electorales Preliminares (PREP), los votos nulos se convirtieron también en tercera fuerza en entidades como Aguascalientes. Cabe aclarar que dicha tendencia puede oficializarse hasta el próximo miércoles, cuando haya resultados finales.

sábado, 4 de julio de 2009

Vota nulo


Jaime Sánchez Susarrey
Reforma

La necesidad de una nueva reforma electoral no está a discusión. Todos los partidos saben que es impostergable. Por eso hay que incidir en la agenda abriendo un gran debate

1. El voto nulo es un instrumento, no un fin en sí mismo. Por eso es perfectamente razonable que un ciudadano decida votar por algún candidato o partido en un proceso local, sea para elegir delegados, Presidentes Municipales, Gobernador o diputados estatales, y nulifique su voto en los comicios federales. No hay en ello contradicción alguna. En cambio, resulta inadmisible que se haya satanizado a los ciudadanos que han emprendido un movimiento cívico, pacífico y responsable para manifestar su inconformidad. El derecho a votar nulo es inherente a cualquier sistema democrático.

2. El medio es el mensaje. El voto nulo es, ante todo, la expresión de un hartazgo y un rechazo. Hay millones de ciudadanos que no se sienten representados y que están hartos de la voracidad y los abusos de los partidos políticos. Por primera vez en la historia ese malestar ha encontrado un canal para manifestarse. La mayoría de los electores, sin embargo, optará por la abstención. Pero el dato relevante es que la abstención y el voto nulo podrían situarse alrededor del 70 por ciento -tal como lo señaló María del Carmen Alanís, presidenta del Tribunal Electoral Federal. Ese gran No es un mensaje que no podrá soslayarse. Entre otras cosas, porque la nueva Cámara de Diputados sería electa por una minoría (23 millones de un padrón de 77 millones de electores).

3. El voto nulo no es anularse. Al contrario, es una manera legítima y efectiva de manifestar la inconformidad y el rechazo. Los efectos del movimiento anulista son tangibles y están a la vista: ocupó el centro del debate y despertó el interés de muchos ciudadanos que estaban hartos de la gazmoñería y las mentiras de las campañas. Provocó el compromiso de los presidentes del PAN, PRI y PRD de promover la reelección consecutiva de senadores, diputados y Presidentes Municipales en la próxima Legislatura. Impulsó el compromiso de Josefina Vázquez Mota y otros legisladores de revisar los artículos que atentan contra la libertad de expresión y el derecho a la información.

4. El voto nulo es una de las llaves que abrirá la puerta para que se discutan abiertamente los temas de la nueva reforma electoral. No hay que olvidar que la contrarreforma del 2007 fue un verdadero albazo. Con el pretexto de no alertar a "los poderes fácticos", los senadores Beltrones, Creel y Navarrete cocinaron la ley a puerta cerrada. La iniciativa se hizo pública el 30 de agosto y fue aprobada el 14 de septiembre. Eso es lo que no debe suceder otra vez. La contrarreforma debe ser derogada y la agenda de los cambios que son indispensables debe discutirse ampliamente. Sólo quienes tienen un temple autoritario se oponen a un debate abierto y plural.

5. Los movimientos anulistas son diversos. Su fuerza no está en la unidad de propósitos, sino en la pluralidad de ofertas. Los puntos acordados por algunos ciudadanos y redes en la Ciudad de México son positivos, pero no agotan la agenda. La encuesta de Grupo Reforma (Enfoque, 28/junio/09) apunta prioridades y convergencias muy interesantes propuestas por los anulistas: 79 por ciento está por la reducción de recursos públicos a los partidos; 68 por ciento está a favor de la reducción de diputados de representación proporcional; 58 por ciento apoya las candidaturas independientes; 67 por ciento se pronuncia por la reelección consecutiva de legisladores. A estos puntos se podrían agregar la figura del referéndum y recuperar la autonomía del IFE, tal como se plantea en la página www.basta10.com. Lo importante, en suma, no es acotar y cerrar una propuesta, sino hacer que florezcan mil flores y se abra un verdadero debate sobre la nueva reforma electoral.

6. Los votos nulos no servirán para hacer una pira y quemar a todos los partidos y los políticos. Pero sí servirán para decirles No y denunciar sus excesos. El objetivo de mediano plazo debe ser acotar el poder de la partidocracia y ampliar los márgenes de la participación ciudadana. En ese camino deben coincidir los ciudadanos que decidieron anular su voto con los que sí votaron, pero comparten la convicción de que las cosas pueden y deben mejorar. Cabrán, también, los políticos que sean más abiertos y responsables. Todos los que entiendan que en el 2007 se cometió una serie de excesos que es necesario corregir y que asuman la exigencia de nuevos cambios. Manuel Gómez Morin advertía que todo iluso termina por ser decepcionado. El voto nulo lejos de ser el camino de la ilusión es la senda de una protesta responsable.

7. La fuerza del voto nulo dependerá de la participación de cada ciudadano. Si el porcentaje es bajo, la potencia del mensaje será poca. Si el número es alto, no habrá forma de cerrar los ojos ni los oídos. El terreno que se ha ganado hasta ahora dependerá de lo que pase mañana. Por eso es muy importante ir a votar. La coyuntura que hoy vivimos no se volverá a repetir. La necesidad de una nueva reforma electoral no está a discusión. Todos los partidos saben que es impostergable. Por eso hay que incidir en la agenda abriendo un gran debate. La oportunidad es única. Dentro de tres años, los comicios presidenciales polarizarán la contienda y será muy difícil que un número importante de ciudadanos opte por nulificar su voto.

Así que es ahora o nunca. Abramos las puertas de la nueva reforma electoral. Dejarla en manos de los políticos sería una grave irresponsabilidad.

Hay que acudir a las urnas y nulificar el voto. No importa cómo. Elige la forma que mejor te parezca: táchalo con una cruz, vota por un ciudadano independiente o ráyalo con una leyenda (¡Basta/10!). Haz como quieras, pero demos mañana el primer paso y hagamos que florezcan mil flores.

Silencio que pesará


Ivonne Melgar
Retrovisor
Excélsior

Ahora el silencio es subversivo. Cala. Molesta. Porque en realidad el voto nulo se traduce en un vacío colectivo de los ciudadanos a la clase política.

Y aunque no me considero una anulista pura —como tampoco soy militante de sigla alguna—, encuentro en la boleta “apartidista” una opción adicional a nuestra cada vez más diversificada y plural postura política en las urnas.

Así que me siento en la obligación de defender esta apuesta, a pesar de que en algunos casos seguiré avalando las propuestas partidistas.

Y es que, a diferencia de los que van por el tribunazo, de los rijosos, de los gritones, de los expertos en descarrilar hasta a sus propios compañeros de partido, de los que nunca votan, de los que carecen de credencial de elector, de los indolentes, nosotros los anulistas —seamos parciales o sean radicales— tenemos que justificar nuestra definición política, ciudadana y crítica a la partidocracia.

Tenemos y debemos hacerlo, porque esperamos que esos votos blancos cuenten en el registro final, sí, y sobre todo en la obligada interpretación del mandato de las urnas.

Tampoco hay que hacerse muchas ilusiones. Porque en los hechos, la clase política no sólo nos da la espalda en la obligación de garantizar respuestas a los déficit en seguridad, empleo, salud y educación, sino que también falla a la hora de las urnas, eludiendo el compromiso de entender qué hay detrás de los votos para actuar en consecuencia.

Los políticos necesitan sumar boletas para legitimarse. Pero una vez conseguido ese aval ciudadano, se van por la libre.

Acaso esta vez volverán a ignorarnos. No sería la primera ocasión. Ni lo peor. ¿Puede darse un desdén más dramático y oprobioso que el protagonizado este largo mes de espera de una señal de justicia, que hoy se cumple, en el incendio de la guardería ABC? ¿Existe una prueba tan pública y evidente de la sordera del poder que el incumplimiento en torno a las prometidas listas de quiénes son los propietarios de las guarderías subrogadas del IMSS?

En lo personal, esa promesa incumplida ha sido suficiente para inclinar la balanza a favor del voto nulo que, sumado a miles, sé que ya pesa como pesa el silencio cuando la violencia del poder pretende aplastar cualquier palabra.

Es la ley del hielo de los ciudadanos frente a una clase política que sólo se escucha a sí misma. Sí, la ley del hielo, el silencio deliberado, de castigo, de reclamo, de condena; un silencio que exhibe la inútil y ruidosa retórica de la partidocracia.

Es un silencio que descalifica la pretensión de que los ciudadanos se adhieran ciegamente a sus pleitos, montados en spots publicitarios que telenovelizan y, en muchos casos, caricaturizan nuestras carencias.

Llama la atención el enojo que esta opción desata en los profesionales de la política, el mismo que genera el silencio en medio de los gritos que apabullan.

Porque este silencio ciudadano igualmente suena y, más allá del número de adeptos que alcance, ya ha hecho el ruido suficiente en el debate electoral, convirtiéndose en una expresión que habrá de calificar esta contienda, aún cuando en términos de monto sea una minoría.

Pero se trata de una ruidosa minoría que con su ley del hielo a los partidos ha colado su malestar en la mesa de los políticos y de sus apuros y ocupaciones.

Porque así como el asunto de la seguridad y la recesión económica figurarán en la agenda legislativa, el rechazo ciudadano a los partidos se considera ya desde las cámaras el síntoma de un padecimiento que reclama cirugía y de ahí el desempolvo de la siempre pendiente reforma del Estado y de sus instituciones políticas.

Si en la composición de la Cámara de Diputados los votos deliberadamente anulados llegan a representar una cifra de 5%, el triunfo de ese amorfo movimiento sustentado en el hartazgo sería innegable, convirtiéndose en una puñalada ciudadana para un sistema de partidos herido en su credibilidad.

Hay algo más grave para el ego de los políticos y su espejismo de que no todos son iguales, sea por sus diferencias ideológicas o por su capacidad de operación, su pragmatismo, historia, tradición o doctrina.

Y es que los anulistas parten de la premisa de que esas son consideraciones teóricas que en la práctica se diluyen. Porque los anulistas vienen de todas partes: de la izquierda, del centro y de la frustrada transición panista.

Nadie está pidiendo que los partidos se mueran. Pero están enfermos de ineficiencia. Y ese diagnóstico ya no puede ocultarse.

Porque el silencio de los anulistas balconea los excesos que los políticos minimizan: los sueldos de escándalo en el Congreso, la política al servicio de los negocios, el mal uso de los bienes nacionales, la tapadera a la opacidad de los sindicatos, el miedo a los monopolios.

Callar no sirve de nada, argumentan algunos. Depende. Cuando los gritos, los reclamos y hasta las ofensas han dejando de tener eco y sentido, el silencio exhibe. Por eso el voto nulo duele. Y porque mañana, cuando las cuentas no le salgan a la partidocracia, inevitablemente sus expertos en simulación estadística harán el cálculo de cuál habría sido su suerte con las voluntades perdidas. Entonces, nuestro silencio pesará.

viernes, 3 de julio de 2009

Mi voto ¿nulo?


Jacobo Zabludovsky
El Universal

El próximo 5 de julio votaré con un tachón sobre las boletas.
México está envuelto hoy en la controversia política de más interés en los últimos tiempos.
Una elección en que no se decide la Presidencia de la República, que generalmente atrae poca atención y votantes, se ha colocado en forma súbita como tema de discusiones, polémicas, conversaciones y hasta pleitos familiares. El voto ha cobrado importancia gracias a la presencia abrumadora de ciudadanos que se oponen a depositarlo en las condiciones legales vigentes. Las consideran injustas, contrarias a la esencia de la democracia que es el derecho de elegir a sus gobernantes. El corsé explotó y la voluntad asusta a los dueños del mecanismo. Su impunidad y arrogancia los hizo olvidar que Lucifer no se fue al infierno por malo, sino por soberbio. Ahora son llamados a juicio mediante un procedimiento inesperado: el voto nulo.
Se abren posibilidades que es conveniente no confundir a la hora del voto. Cuatro entre las que me envían lectores iracundos son las más abundantes: no ir a votar, ir a escribir una mentada de madre en cada boleta, ir y dejar todo en blanco, ir a tachar cada nombre y logotipo.
No ir a votar es una conducta confusa: la abstención es característica de toda votación en México, su porcentaje suele ser altísimo y en la coyuntura próxima puede atribuirse a viejos vicios y no a este fenómeno de protesta popular. Si queremos expresar nuestro desacuerdo no podemos quedarnos en casa. Hay que ir a las casetas, comprobar que en la lista de ciudadanos registrados se anota nuestra presencia con los documentos que nos autorizan a ejercer nuestro derecho. Eso es muy importante porque permitirá que del total de votos depositados en cada caseta puedan restarse los tachados o en blanco y así hacer de ellos votos de repudio. Debemos hoy, más que nunca, ir a votar.
Las mentadas de madre carecen de validez legal. Aunque se escriban con buena letra no tienen fundamento jurídico que obligue al destinatario a acatarlas. Podrían ser tomadas por los escrutadores como un insulto y no como petición o consejo. Se sugiere no complicar las cosas. Lo ideal en este caso es hacer llegar el mensaje a quien corresponda y en propia mano, atención elegante que el hijo aludido deberá agradecer.
El voto en blanco, que en la última novelita de Saramago da lugar a una crisis más grave que la del ensayo de la ceguera, tiene una rendija peligrosa: nadie garantiza que una mano negra no rellene los huecos. Ya lo sé, representantes de todos los partidos vigilan la limpieza del procedimiento. Sí, pero son los que están contra la protesta, quieren que nada cambie, que el voto sea en favor de sus designados y no contra el sistema creado por ellos mismos. El voto en blanco es la iglesia en manos de Lutero. La ocasión hace al ladrón. De todos modos, los votos en blanco serán anulados. Y por lo tanto, contarán como nulos.
Por eso es mejor el tachón. Rayas cruzadas, atravesadas, engarzadas, curvas o rectas, que no dejen lugar a dudas sobre la intención del votante. Obsérvese que no es una abstención. Es un voto, una manera legal, porque no está prohibida, de votar. Es un voto que expresa una voluntad de influir para cambiar. Lo declararán nulo. De eso se trata. La declaración será certificado de nacimiento de una manifestación que, por pequeña que sea, nadie podrá ignorar. Constará en las actas. Votamos. Somos los del voto nulo. No tenemos pastor y no somos corderos. Somos los vecinos del 19 de septiembre de 1985.
Los poderes políticos y fácticos sienten pasos en la azotea. Presienten que más que un voto anulado es una especie de inesperado plebiscito. No hay manera de anular el voto nulo.
Defender el derecho de elegir libremente a sus gobernantes, es el propósito concreto de una población amorfa, vaga, pero tan real como su unión solidaria en un ágora de chips y .com.
Viene una contraofensiva. La gaceta religiosa dijo que la anulación es una actitud antidemocrática. Que debemos votar por candidatos. Representantes de sindicatos afines, líderes charros, gremios empresariales, intelectuales domésticos y artistas exclusivos expresarán su asco al voto nulo. Desde las telenovelas hasta los juegos de futbol se usarán para convencer al público del peligro de la anulación que pone en riesgo a la patria.
Pero no se le puede poner puertas al campo. La primavera ha venido, nadie sabe como ha sido. Sí se sabe, don Antonio: ha llegado por internet.
Y no se deje equivocar: anular es votar, no para matar a la democracia, sino para fortalecerla. Para anular lo que la agrede.
Es una forma de darle contenido a una mentada de madre.

La refundación


Sergio Aguayo
Reforma

Los partidos aparentan normalidad, pero están inquietos por la irrupción ciudadana en su mullida exigencia. ¿Modificarán su indiferencia y aceptarán una refundación que reduzca sus privilegios? El jueves 25 de junio debatieron, en las pantallas de Televisa, los presidentes de los tres principales partidos. Hubo pocas novedades en sus apreciaciones sobre economía y seguridad, los temas que eligieron. Germán Martínez y Beatriz Paredes reiteraron información e ideas para alabar a sus organizaciones, se lanzaron inofensivas puyas e ignoraron a Jesús Ortega. Sobre las turbulencias políticas guardaron silencio, como si en esa dimensión no pasara nada. Ortega fue el único que mencionó de pasada al movimiento para anular el voto. Lo descalificó con la ñoñería de que anular es "dar un cheque en blanco para que las cosas sigan igual". Una crítica superficial sobre una movilización ciudadana que, con su exigencia de reformas, ha calentado una elección cara y guanga. Cuando sienten amenazada la arquitectura política, los partidos borran cualquier diferencia y se atrincheran para defender su lucrativo monopolio sobre la vida pública. Los tres dirigentes reconfirmaron que sus lealtades están con el orden establecido convirtiéndose, con ello, en aliados conscientes o involuntarios de monopolios y oligopolios, gobernadores, sindicatos y capos del crimen organizado. Esta actitud ha repercutido negativamente en otros ámbitos estratégicos. En su afán por preservar empleos bien pagados, posiciones de poder y presupuestos, han recortado la autonomía de los organismos públicos encargados, en la teoría, de defender a las víctimas y al interés general. Salvo unas cuantas excepciones, los partidos han puesto, para dirigirlos, a personajes sumisos dispuestos a someterse a los intereses del gobernante o el poderoso. La ciudadanía está indefensa. Revisemos, con esta perspectiva, el caso de la guardería ABC de Hermosillo. Me salto por conocido el ofensivo tráfico de influencias y complicidades entre particulares y funcionarios estatales y federales para llamar la atención sobre la etérea participación de la Comisión Estatal de Derechos Humanos, que debería estar encabezando la búsqueda de justicia en el drama de los niños muertos. En entrevista telefónica, Catalina Soto, vocera del "Movimiento Ciudadano por la Justicia 5 de Junio", califica a la Comisión como la "ausente".
La ausencia resulta directamente del control que los partidos tienen sobre ese organismo. El actual presidente de la Comisión Estatal de Derechos Humanos de
Sonora (CEDH), Jorge Sáenz Félix, carece de experiencia o compromiso en el tema. Para asegurarse la subordinación del organismo, el gobierno de Eduardo Bours lo sujeta con el grillete financiero. La levedad del ombudsman sonorense es la norma; salvo contadas excepciones, estos organismos son adornos que intentan disimular, cada vez con menos éxito, la ausencia de un Estado de derecho. El Instituto Federal Electoral también se encoje frente a algunos temas. Jenaro Villamil, de Proceso y Carmen Aristegui, de MVS, han estado documentando que el Partido Verde Ecologista puso en los primeros lugares de su lista a ocho personas ligadas a las dos televisoras lo que garantiza a esas empresas un bloque de diputados. ¿No debería opinar el IFE sobre una simulación que distorsiona la letra y el espíritu de la Constitución? ¿No podrían los partidos pronunciarse sobre la impostura? ¿Tanto miedo le tienen a las televisoras? Anular el voto es una expresión de descontento que a mediados de junio contemplaba el 17 por ciento de los electores (Alejandro Moreno, "Temas para una nueva reforma electoral", Reforma, junio 28, 2009). Pese a su relativa importancia, el movimiento para la anulación del voto ha sido condenado hasta por el secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), José Miguel Insulza, quien pasó por alto que en su país, Chile, la opción está aceptada y reglamentada. Pese a las críticas, el movimiento ya pasó de la protesta a la propuesta. En la asamblea nacional realizada el 30 de junio, las diferentes organizaciones aprobaron una agenda mínima que, de prosperar, impulsará un rediseño de la arquitectura del sistema político. El 6 de julio se inicia una batalla larga y difícil porque el debate entre los presidentes de los tres grandes partidos mostró la determinación con la cual defenderán sus extraordinarios privilegios. En el choque que viene, nos jugaremos la esencia de la democracia.


La Miscelánea
Para solidarizarse con los niños sonorenses muertos en una de las mil 500 guarderías subrogadas por el Seguro Social (¿algún día nos entregará la lista, señor Presidente?), un grupo de ciudadanos sin partido político realizarán una marcha en el Distrito Federal el próximo sábado 4. Iniciará a las diez de la mañana frente al Seguro Social (Reforma 476) para caminar hacia la representación del estado de Sonora (Goldsmith 228, Polanco).


Correo electrónico: saguayo@colmex.mx

miércoles, 1 de julio de 2009

X


Jacobo Zabludovsky
Bucareli
El Universal

El próximo domingo votaré nulo. Mi intención, generada sólo por una ley electoral defectuosa, para presionar su reforma, podría tener muchos otros motivos. La semana ha sido pródiga en causas de protesta que un voto nulo puede desahogar, aunque se estrelle contra el muro del importamadrismo oficial.

No sé por dónde empezar. Por donde sea. Es igual. De pronto aparece el escudo nacional que interrumpe los programas más vistos de la televisión y el presidente Felipe Calderón, entre la bandera y la secretaria de Relaciones Exteriores, informa solemnemente al pueblo de México que una francesa secuestradora convicta y sentenciada no será extraditada a su país. Bastaba un boletín de prensa de seis renglones. O tres. Me imagino a Sarkozy de pronto en la televisión francesa para informar a sus compatriotas que un mexicano delincuente, confeso, procesado y encarcelado en París por delitos del orden común, no será extraditado a México. Esa misma noche la señora Bruni dormiría sola y su esposo con camisa de fuerza en un asile d’aliénés. Pero, claro, Francia y el México actual son países distintos, cada uno con sus costumbres y cada cosa en su lugar. Allá ellos. Nosotros estamos orgullosos de ser una república chocolatera marca Morelia Presidencial.

En cambio, la tragedia más grande de la historia de México en que las víctimas fueron niños, no mereció un mensaje televisado. Aunque sólo fuera para dar el pésame a los padres de 70 niños quemados vivos, 48 de ellos sepultados y los demás con lesiones graves, dolorosas, que les dejarán huellas físicas y síquicas irreversibles. Aunque sólo fuera para comprometerse con la justicia y manifestar una voluntad política de no dejar impune el complejo de delitos que, emanados de la corrupción, provocaron el desastre del sexenio.

Todo terminó, aparentemente, en la aprehensión de funcionarios de inferior jerarquía y un pugilato verbal entre el secretario de Gobernación y el gobernador de Sonora. “No le acepto al gobernador el tono altanero con que se refiere al Presidente”, dijo un secretario que está ahí por un dedazo, al hablarle en tono altanero a un gobernador que está donde está mediante el voto ciudadano en un estado libre y soberano. Dicho sea esto refiriéndome a las instituciones, no a las personas, después de que el gobernador elevó la discusión a las alturas del intelecto socrático al dictar cátedra: “Queremos saber a qué se refiere con eso de aventar la bolita”. No hay a quién irle.

Desde antes de que se enfriaran las cenizas, el procurador general de la República declaró que nadie iría a la cárcel y ahora, al atraer el incidente, como lo llamó el invisible director del Seguro Social, dirigirá las investigaciones que llevarán al resultado previsto: se los dije, y a otra cosa mariposa.

Es entonces cuando el presidente Calderón toma el toro por los cuernos y nos aconseja afiliarnos a los partidos políticos. “Si se quieren mejores partidos, particípese en los partidos, y si éstos no convencen, fórmense otros”, dijo. Nunca habló de reformar una ley injusta, para que coexistan partidos y otras maneras de registrar candidatos de acuerdo con el espíritu de la Constitución, que hace del derecho de votar por quien uno escoge libremente la piedra fundamental de la democracia. Para el señor Calderón no hay más ruta que la nuestra, como dijo el comunista Siqueiros. Yo creo en un camino probado en otros países, con partidos políticos que coexistan con organismos que ofrezcan más opciones. Que desaparezca el sistema monopólico del registro de candidatos, que no sea derecho exclusivo de los partidos políticos. Todo por la vía pacífica, respetuosa, dentro del marco de la ley.

Por eso mi voto será nulo. Si tuviera alguna duda me bastaría, para fortalecer mi convicción, ver quiénes reprueban esta forma reposada de ejercer un derecho. No debo estar tan extraviado si los que se creen dueños de la brújula, del rumbo y del destino, se muestran unánimes en urgir la presencia de un exorcista para que nos saque del cuerpo el espíritu maligno.

Que cada quien vote como se le pegue la gana y en santa paz.

Yo votaré con una X.

jueves, 25 de junio de 2009

El voto nulo crece por desinformación de partidos y candidatos a ciudadanos

El voto nulo, cuya intención entre la ciudadanía crece conforme se acercan las elecciones del 5 de julio, además de ser motivado por el rechazo al sistema político-partidista actual, se nutre de un componente adicional que es “la terrible desinformación” que existe por parte de partidos y candidatos sobre sus propuestas para construir un país mejor, afirma Óscar Espinosa Mijares.

El director del proyecto Cancha Ciudadana, colocado en el ciberespacio (www.canchaciudadana.org), deja en claro que en la contienda electoral que tendrá lugar en 10 días, “el enemigo a vencer, el mayor rival de todos, es el abstencionismo”, que sólo puede ser derrotado con la madurez de los partidos y candidatos, así como de la ciudadanía mediante una cultura política que parte de la información.

Creado por un grupo de nueve jóvenes mexicanos, Cancha Ciudadana es un foro apolítico de discusión y debate acerca del próximo proceso electoral, explica su director, quien se declara preocupado porque a pesar de las claras señales de hartazgo de la ciudadanía hacia las formas de hacer política en el país, los partidos y sus candidatos sustentan sus campañas en todos esos vicios añejos que el electorado ya no soporta.

Óscar Espinosa detalla:

“En esta Cancha todos los ciudadanos juegan. En Cancha Ciudadana los partidos políticos no son los dueños del balón, lo son los electores, que a la vez son los jugadores. Aquí los jugadores (la ciudadanía), tienen la oportunidad de desplazarse por la zona donde mejor se sientan, por el terreno que mejor pisen.

“Y como se trata de que éstos sean los auténticos ganadores en la disputa (electoral), en Cancha Ciudadana se les proporciona todo el conocimiento de las reglas del juego y de quienes ahí intervienen (partidos y candidatos), para que con su voto libre y soberano se conviertan además en los goleadores de la contienda”, explica de manera análoga a un encuentro de futbol.

Detalla que en ese website la ciudadanía encontrará la información más completa de cada uno de los mil 596 cargos electorales en disputa; de los contendientes; los distritos y municipios; las más recientes encuestas; cómo se ubican en este momento los aspirantes y, además, una radiografía completa sobre la situación económica, social y política del país.

Todo para que el ciudadano llene “la laguna informativa” que padece y con ello alcance una mayor conciencia y amplitud de criterio a la hora de emitir su voto.

Espinosa Mijares se dice consciente de que la votación del próximo 5 de julio se convierta en un hecho histórico, debido a la abstención y el voto nulo que se puede aplicar a partidos y candidatos contendientes, pero sostiene que, precisamente por ello, espacios como Cancha Ciudadana son importantes en este momento.

Aquí, explica, nuestra tarea no termina el 5 de julio; al contrario, lo que pretendemos con esta herramienta ciudadana es crear debate y diálogo permanente sobre los temas que importan a la ciudadanía, no solamente a los partidos.

Prácticamente en todas las ligas de Cancha hay espacios para la retroalimentación, para que el electorado exprese libremente su opinión y haga propuestas, que se interese y construya una auténtica agenda ciudadana que, de acuerdo con las condiciones políticas actuales, los partidos tendrán que retomar más temprano que tarde, advierte.

Samuel León Sáez y su hermano Santiago; Rodrigo Labarthe; Pía Silva; Beatriz Vázquez, Paulo Cantillo y David Figueroa, así como Halina Gutiérrez y Óscar Espinosa Mijares al frente, conforman el grupo de jóvenes que echaron a andar un blog de diálogo político en marzo pasado, pero debido a la calidad del espacio creció hasta convertirse en un ambicioso e interesante proyecto que hoy es toda una realidad.

martes, 23 de junio de 2009

DIFERENCIA ENTRE ABSTENCIÓN Y ANULACIÓN DEL VOTO

Abstención es avalar; es decirles que estás conforme con quien resulte ganador, que no te importa quién gane.
Anulación es PRESIONAR PIDIENDO UN CAMBIO.

¿POR QUÉ?
20 % DE LOS VOTOS NULOS HACEN NULA LA CASILLA.
20 % DE LAS CASILLAS NULAS HACEN NULO EL DISTRITO.
20 % DE LOS DISTRITOS NULOS HACEN NULA LA ELECCIÓN.

Fórmula para obtener y/o conservar el registro ante el IFE y por lo tanto mucho dinero:
VOTOS RECIBOS POR ESE PARTIDO/VOTOS EN LAS URNAS (LOS VOTOS EN LAS URNAS SON TODOS LOS VOTOS EJERCIDOS + VOTOS NULOS).

El 2% es el mínimo necesario para obtener y/o conservar el registro ante el IFE. Por lo tanto, si aumentamos el universo de votos contenidos en la urna, el porcentaje a favor de ese partido disminuirá. Por lo que si no estamos de acuerdo con ninguna de las propuestas o candidatos, una opción que tenemos para deshacernos de esos vivales y que sus partidos pierdan el registro, es que en lugar de abstenernos, anulemos el voto. Si consideramos que se estima un 70% de abstencionismo, cambiemos la historia y en lugar de 70% de no ir a votar, seamos 70% de votos nulos.
El voto nulo no elige a nadie, pero cuenta y cuenta mucho porque baja el porcentaje de participación económica de cada partido ante el IFE.
Asi que en esta elección si tú no querías ir a la casilla a votar, por flojera o cualquier otra razón, piensa ¿qué será mejor? Decirles: “Estoy conforme con quien resulte el ganador y no me importa quién sea.” O que les digas: “¡No! Ninguno de los que me pones me gusta o ninguno me satisface, y te voy a bajar el sueldo o a quitar el registro.

Si tú aún no votas, coméntalo con los adultos cercanos a ti. Espero que cuando seas mayor de edad esto ya sea diferente para los de tu generación.
Si tú eres político, se que esto no te va a gustar porque va en contra de tus intereses y los de los partidos, pero vale la pena intentar un cambio en México y que los ciudadanos tengamos mas participación en la política y que ustedes dejen de ser los dueños y vivales del país.

Mayor información:
4000x25x10. Un millón de mexicanos por la dignidad ciudadana.
Ley Federal Electoral, Libro Sexto, Capítulo Único, Artículos 299, 300 y 301.

lunes, 15 de junio de 2009

Anular el voto por México

Es curioso que en toda la propaganda de los partidos invitan a los electores a votar por ellos con el discurso de que hay que rescatar a México de la corrupción y de los funcionarios corruptos e ineptos. Por su parte, el Instituto Federal Electoral (IFE), la semana pasada invitó a todos los partidos a su sede para lanzar una campaña con el lema “Yo sí voto por México” para hacer un frente común para contraatacar el movimiento ciudadano que invita anular el voto, en caso de que ninguna opción política les convenza

Es claro que los partidos y la clase política cada vez son más ajenos a las demandas y necesidades de los ciudadanos, por lo que les cuesta trabajo comprender a fondo este movimiento, surgido de forma espontánea por ciudadanos comunes con un mensaje muy claro: están hartos de que sus llamados “representantes” no atienden sus necesidades más urgente y se dediquen hacer grilla política en lugar de dar resultados. Ahora resulta que nos afirman que ellos si dan resultados y que si saben cumplir, ¡qué curioso! ahora resulta que los ciudadanos son los que mienten.

Es evidente que el movimiento para anular el voto o el llamado voto en blanco ha adquirido, a medida que avanza las campañas políticas, una fuerza tal, que los retractores de dicho movimiento están tratando de confundir a la opinión pública al decir que el abstencionismo sólo le favorece al voto duro y que una minoría sería la encargada de conformar el congreso. Por su parte, la ex primera dama, Marta Sahagún de Fox, afirmó con un aire de intelectual y experta en la materia: “Que anular el voto sería un paso hacia la anti-democracia y que la ciudadanía debe aprender a expresarse a través de los partidos y sus proyectos”.

En primer lugar, el movimiento ciudadano no invita al abstencionismo, sino al contrario, exhorta a la electorado que acudan a las urnas el 5 de julio, y si no les convence ninguna opción presentada en la boleta, entonces anulen el voto. Es claro que el voto nulo no es tomado en cuenta en nuestro sistema electoral, pero al menos, como he dicho en la anterior columna de opinión, quedaría constancia de la inconformidad ciudadana, además ¿por qué el electorado a fuerza debe elegir una opción? Algunos sugieren que se elija al menos peor, pero sería una salida fácil, cayendo nuevamente en la mediocridad, algo que este país esta tan acostumbrado.

Estoy totalmente de acuerdo lo que señalan los partidos políticos y candidatos al decir, que hay que rescatar a México de la corrupción y de los funcionarios corruptos, pero no en la forma que nos sugieren, al contrario, no nos dejan otra opción que no votar por ninguno de ellos.

Gabriel Carrillo
Servicio Sudamericano de Noticias

Más panistas contra el voto nulo...

Creel: el voto nulo, una ruta "anticívica"

Santiago Creel Miranda pidió a los promotores del voto nulo hacer a un lado esa ruta “anticívica” que sólo quedará como “un llamado a misa y mera anécdota”, y los retó a formular, a la brevedad, un decálogo como el que se planteó en su momento en los acuerdos del Castillo de Chapultepec, que derivaron en la ciudadanización y autonomía del Instituto Federal Electoral con la reforma electoral de 1996, entre otros logros.

Refiriéndose a Tatiana Clouhtier, Gabriel Hinojosa (primo de Felipe Calderón) y al resto de los promotores del voto nulo, Creel dijo: “Si estas personas quieren ayudarnos de verdad, que recuerden cuando a Agustín Ortiz Pinchetti y a mí nos tildaron de lunáticos” por pretender cambiar las reglas electorales, “pero se generó un ambiente nacional y lo conseguimos”.

—¿Sería una segunda parte de los Acuerdos de Chapultepec?

— Así es. Yo pongo sobre la mesa una propuesta para lograr hacer una ley de partidos políticos para transparentarlos y hacerlos verdaderamente democráticos en su vida interna. También pongo sobre la mesa la reelección consecutiva de legisladores para erradicar la plutocracia. Ahora que ellos propongan y no se autoexcluyan.

En entrevista con MILENIO, el ex secretario de Gobernación dijo que si bien comparte la frustración de los promotores del voto nulo, es necesario unificar criterios y obligar a todos los candidatos, a los actuales senadores, a los gobernadores y al propio presidente Felipe Calderón para que cumplan a cabalidad con el decálogo que se acuerde.

El senador del PAN sostuvo que a mediados de la década de los noventa un grueso de la población mexicana compartía “una frustración muy similar a la de hoy. Ambas igual de legítimas, pero en ese entonces lo que hicimos fue proponer 10 puntos que pudiesen ser asumidos por los representantes populares y comprometerse en una agenda y denunciar los desvíos, la falta de cumplimiento de la palabra”.

Creel agregó: “(Con) el hecho de votar en blanco el resultado es que el voto se anula como si se anulase por votar equivocadamente cruzando sólo una esquinita de la boleta y realmente no se sabe muy bien a bien quién anula por anular y quién anula por error. Y anulado el voto yo pregunto: ¿qué cambio se produce?”.

—¿Pero hay un mensaje, un ya basta?

—Pues es un mensaje que puede ser una llamada a misa o una anécdota porque no tiene ninguna dirección. Es un mensaje negativo como quiera verse, es un mensaje del no, y el no es la negación de la política. Aquí el punto es decir: bien, estamos en desacuerdo con el sistema de partidos, pero propongamos cosas. Yo propongo la regla de la reelección continua para romper de tajo con todo lo que mucha gente llama partidocracia… de qué le serviría a un presidente de partido hacer una negociación, entre comillas, inconfesable, si el diputado o senador tuviera como conciencia de que, independientemente lo que diga el presidente de su partido, ellos tienen que regresar a sus comunidades para volver a ser reelectos, y esa negociación inconfesable moriría en el papel.

“Por eso es importante que quienes se sienten lejanos y con enorme frustración, en vez de anular su voto, hagan una propuesta que obligue a los políticos a suscribirla y abramos un debate de cómo cambiar el sistema político”, aseveró.

—¿Pero acuerdos van, acuerdos vienen y no cambia nada?

—Eso no es cierto. Recuerdo que cuando nos juntamos Ortiz Pinchetti y yo, nos veían como lunáticos por pretender reformar el sistema político reformando las reglas electorales, pero ese seminario, en el que primero fuimos dos, luego cuatro, luego seis, luego 24, luego tantos y luego los partidos, y se fue generando un ambiente nacional de exigencia de cambio, que llegó al presidente de la República y que el propio secretario de Gobernación recibió las conclusiones del seminario, que se tradujeron después en una reforma.

“Tres cosas se pidieron: un IFE autónomo y ciudadanizado, fuera el gobierno. Un tribunal que pudiera reprimir excesos de gobernadores en elecciones. Tercero: mejoramos condiciones de igualdad en las elecciones. Esos elementos fueron incorporados en la reforma electoral de 1996. Se trató de un movimiento ciudadano engendrado en el seminario del Castillo de Chapultepec; no fue un voto en blanco, no fue autoexclusión, no fue actitud anticívica, sino actitud cívica de participación políticamente comprometida de propuesta y una actitud de un activismo para generar un estado de conciencia y un contexto de exigencia para operar ese cambio”.

—¿Qué debería contener ese nuevo decálogo, lo que sigue en el tintero?

—Así es. Un decálogo en el que los promotores del voto nulo expongan lo que ven mal de nosotros los políticos y del sistema político para cambiarlo, y obligarnos a los legisladores, a candidatos y a todos los gobernantes a suscribirlo.

Rodolfo Montes
Milenio


Atenta voto nulo contra democracia: Beatriz Zavala


La senadora panista Beatriz Zavala Peniche afirmó que convocar al voto nulo en las próximas elecciones federales es contrario a los principios democráticos.
En entrevista, sostuvo que "lo único que provocaría sería un retroceso democrático" pues el sufragio es un derecho que debe ejercerse, ya que así se contribuye a fortalecer la democracia.

"No hay razón para anular el voto, pues ya no existe un partido único que imponga su voluntad, el gobierno ya no controla a la autoridad electoral y los partidos políticos no dependen del dinero para hacer sus campañas", precisó.

La legisladora del Partido Acción Nacional (PAN) por Yucatán dijo que si bien no descalifica a quienes proponen esa opción, "la democracia se construye entre todos, con el voto de cada uno".

"Tenemos un sistema político pluripartidista y con el sufragio expresamos nuestras preferencias políticas y el tipo de país que queremos para nosotros y nuestros hijos", insistió.

Zavala Peniche indicó que "hoy el voto se respeta, por lo cual todos debemos participar. El abstencionismo activo se justificaba cuando no se respetaba el voto ni había autoridad electoral independiente".

"Promocionar la anulación del voto es contrario a los intereses de los ciudadanos, porque ganan las estructuras y allana el camino de regreso al gobierno autoritario", advirtió la ex titular de la Secretaría de Desarrollo Social.

Voto y UNAM

Jacobo Zabludovsky
El Universal

Hace tres años voté para presidente de la República por un ciudadano sin partido político.

Después de hacer público mi voto recibí ataques por la inutilidad de emitirlo a sabiendas de que no sería contabilizado. El Código Federal de Procedimientos Electorales priva a las ciudadanos del derecho de votar por quien quieren, piedra fundacional de toda democracia, al dar a los partidos el monopolio absoluto del registro de candidatos, en el inciso 1 del artículo 218: “Corresponde exclusivamente a las partidos políticos nacionales el derecho de solicitar el registro de candidatos a cargos de elección popular”.


Mi voto de entonces tuvo dos motivaciones. Primero, la satisfacción personal de votar por quien yo creía firmemente que tenía atribuciones suficientes para gobernarnos. Después, la parte de protesta que tal voto llevaba contra una ley defectuosa. Los hechos me dan la razón: la institución que ese ciudadano dirigió durante ocho años fue galardonada esta semana con el Premio Príncipe de Asturias. El premio no fue para él, por supuesto, sino para miles de alumnos y maestros, generaciones de mexicanos que han hecho de la UNAM un orgullo de México. Pero es un ejemplo de la restricción a que nos somete la fórmula que rige las elecciones.


En otros países las leyes que norman el proceso electoral permiten que los ciudadanos manifiesten su voluntad por conductos que no necesariamente sean partidos políticos. Ambos sistemas coexisten, parten del respeto al derecho ciudadano de escoger candidato, registrarlo
para que aparezca en las boletas y poder votar por él. Es sana la existencia de partidos políticos. Lo que mi voto nulo pretende es abrir la discusión pública para examinar sin violencia cómo adecuar la ley a la exigencia de un número todavía indeterminado de ciudadanos que aspiran
a registrar, sin mediación de partidos, sus candidatos a puestos de elección popular. Debemos analizar las posibilidades jurídicas y permitir a los ciudadanos sin partido, que somos los más en este país, aportar la fuerza de nuestro voto a la elección de mejores mandatarios.


En México quienes hicieron la ley privaron a los mexicanos del derecho de escoger y entregaron todo el poder a los partidos.

José Woldenberg, aplaudido por su labor al frente de un Instituto Federal Electoral que ha perdido respeto desde su ausencia, publicó el jueves en Reforma un artículo en que pregunta: “¿Qué tienen en común Dulce María Sauri, José Antonio Crespo, Diego Valadés, Jacobo Zabludovsky, así como algunos otros intelectuales?... Los emparenta un malestar... están cansados
de lo que ven en el escenario político… En México, el voto anulado será en el mejor de los casos un termómetro del humor público, pero al final los votantes por los diferentes partidos y candidatos decidirán quiénes gobiernan y quiénes legislan”. Coincido con el comentario de Woldenberg, aunque no me convence de la necesidad de que sea exclusivo de los partidos el derecho de registrar candidatos.


Junto a defensores de buena y mala fe de la ley electoral se colocan instituciones y personas del más diverso pelaje que también se rasgan las vestiduras por las ofensas a su solución jurídica. Qué curioso. Las grandes, tradicionales y ricas agrupaciones que coinciden en defender la ley y calificar de estúpido y traidor a quien vote nulo, tienen un denominador común: están satisfechas. Personajes notorios sonríen seguros, con el optimismo propio de quien se siente dueño. Lucharán a morir por que nada cambie. Los partidos políticos les sirven la comida y debajo de la mesa algunos trovadores reciben los pellejos.


Por eso el 5 de julio votaré nulo, aunque los invitados a la fiesta opinen que mi voto no vale. Mienten. Los votos nulos son contados. Tienen que ser admitidos por los funcionarios electorales si su número es mayor a la diferencia de votos entre los candidatos que van en primero y segundo lugares. En ese caso (artículo 279) se ordenará un nuevo escrutinio durante el cómputo oficial en las juntas distritales. O sea, que el voto nulo, no lo es tanto.

Creo que mi voto del 2006 fue precursor de este movimiento espontáneo que por la vía de la nulidad se convierte en un escape al descontento. No nos dejemos confundir: abstenerse es una grave torpeza. Debemos ir a votar. Votar nulo. Opinar contra una manera de elegir a nuestros gobernantes que ha dado resultados lamentables. Por la vía legal y pacífica de nuestro voto, voto nulo, pedimos que se modifique la ley.

Eso es todo. Nada más. De la UNAM y el Príncipe de Asturias hablaremos con calma. Para regocijarnos.

El IFE afirma que ni cosquillas hará voto nulo a los partidos

El presidente del Instituto Federal Electoral (IFE), Lenardo Valdés Zurita, consideró que el llamado “voto blanco” carecerá de efectos en el cómputo de las elecciones del próximo 5 de julio, pues sólo se contarán los sufragios válidos.

El funcionario señaló que esta expresión política en nada modificará el financiamiento público de los partidos, y tampoco pondrá en riesgo a los partidos chicos, que deben obtener un porcentaje mínimo de sufragios.

Afirmó su respeto por las manifestaciones a favor del voto blanco, toda vez que el IFE “no es censor” de las expresiones de la sociedad mexicana, ya que su papel es de organizador y árbitro del proceso electoral.

Leonardo Valdés Zurita, en una visita al Palacio Legislativo, entrevistado por los reporteros dijo que la organización de la jornada electoral está casi concluida, pues “con mucho profesionalismo vamos muy avanzados”.

Indicó que ya concluyó la fase logística del proceso electoral, además de que 90% de los funcionarios de casilla ya están notificados y capacitados; “el caso es que en esta fecha no tenemos ninguna complicación”.

Tocante a los llamados a la emisión de voto en blanco, el presidente del IFE hizo hincapié en que “nosotros somos respetuosos de los mensajes que se difunden “, pues lo que le corresponde a los organizadores es contar los sufragios, al final de la jornada.
“Contaremos los votos registrando puntualmente el sentido del sufragio de cada ciudadano”.

Luego dijo: “Queremos advertir que anular la boleta electoral no tiene implicaciones; no cuentan para el registro de los partidos ni para el financiamiento público de los partidos”.

Valdés Zurita asistió a la presentación del Diccionario de la Constitución Mexicana en la Cámara de Diputados, a la cual también asistió el ministro David Góngora Pimentel.

martes, 9 de junio de 2009

El fantasma del voto nulo

El fantasma del voto nulo asusta a la clase política mexicana. Sin distingo de siglas o ideologías, los dirigentes de todos los partidos políticos, sus intelectuales orgánicos, la Iglesia católica y las instituciones electorales temen que este 5 de julio los ciudadanos no voten por alguna de las siglas estampadas en las boletas electorales.

Al igual que acontece cuando después de un accidente automovilístico de relativa gravedad el chofer tarda un tiempo en calibrar la magnitud de los daños, los políticos profesionales no terminan de evaluar el tamaño del golpe que presienten. Apanicados, se echan la culpa unos a otros del crecimiento de la ola abstencionista. Andrés Manuel Lopez Obrador y Jesús Ortega responsabilizan a la derecha. Los panistas señalan con el dedo índice al Partido Revolucionario Institucional (PRI) porque es el que tiene mayor voto duro. El tricolor pide que se investigue si la campaña proviene de grupos conservadores o del gobierno federal. La jerarquía católica advierte fracaso democrático y triunfo del totalitarismo. El Instituto Federal Electoral (IFE) señala que es responsabilidad de los partidos que los votantes acudan a las urnas.

Las causas de esta oleada son, sin embargo, más sencillas. La clase política mexicana agotó ya sus últimas reservas de credibilidad. El sistema de partidos se colapsó. El país no cabe en el régimen político. Doblegadas ante los grandes consorcios mediáticos, las instituciones de organización y vigilancia electoral están sumidas en el descrédito.

Existe una creciente y profunda desconfianza de amplios sectores de la ciudadanía con los mecanismos de representación y mediación política institucional. Esta mezcla de malestar, incredulidad e indignación no se concentra en un partido, un funcionario o un representante en especial, sino que involucra a la mayoría. Muy pocos se escapan. La corrupción mancha a casi todos. Los partidos padecen inacabables conflictos internos. Las peleas entre las personalidades políticas de mayor renombre son interminables.

En estas circunstancias ningún acontecimiento, por grave que sea, permanece mucho tiempo en la agenda pública. Un escándalo tapa a otro. Su vida es fugaz.

Además del agotamiento del régimen y el hastío y la desconfianza ciudadana, la eclosión de quienes promueven la anulación del voto y de quienes piensan abstenerse no es ajena a seis hechos que han modificado la fisonomía del país y que los políticos no parecen haber comprendido cabalmente.

El primero es la emergencia de las redes informáticas, que han generado, sobre todo entre los jóvenes urbanos, nuevas sensibilidades y distintas formas de relación. La campaña crece en Internet y desde allí ha saltado a los medios escritos y electrónicos.

El segundo es la changarrización de la base productiva y la precarización laboral que han disuelto identidades y lealtades tradicionales asociadas con el mundo del trabajo y con la compra y coacción del voto. Aunque se conservan clientelas electorales de base territorial susceptibles de ser movilizadas sobre la base de programas asistenciales, éstas distan de ser mayoría entre los votantes.

El tercero es el creciente número de conflictos sociales en todo el país que se desarrollan al margen de los partidos políticos o de los intermediarios sociales tradicionales. Centenares de protestas de indígenas, campesinos, trabajadores, pobres urbanos, mujeres, defensores de derechos humanos, ecologistas han surgido en todo el país. Muchas se han radicalizado. Con frecuencia han desbordado los canales institucionales para atenderlas. Algunas, inclusive, han decidido darse sus propias formas de gobierno. El pobrerío anda alborotado y las elites están temerosas con ese alboroto. Quienes participan en estas movilizaciones no ven que la solución de sus problemas dependa necesariamente de votar por un candidato en particular. Con la izquierda partidaria dividida y una parte muy importante de su liderazgo desprestigiado, en estos comicios la polarización social se expresa marginalmente en la vía electoral.

El cuarto es la constitución de una corriente de opinión en favor de la anulación del sufragio entre sectores de las clases medias, académicos e intelectuales, que en el pasado fueron promotores de las distintas variantes del voto útil, y que ahora no están dispuestos a dejarse arrastrar por el dilema de sufragar por tal o cual partido en específico o ser avasallados por el peligro mayor.

El quinto es la agresiva campaña contra partidos, clase política y Congreso de la Unión que los grandes medios de comunicación electrónicos efectuaron como parte del pulso alrededor de la reforma electoral de septiembre de 2007 y la sustitución de los funcionarios del IFE. Los concesionarios de radio y televisión exhibieron públicamente algunas de las miserias de legisladores y dirigentes partidarios.

El sexto es el éxodo que ha arrancado a millones de personas de sus lugares de nacimiento y trabajo, y ha hecho de la migración (tanto interna como hacia Estados Unidos) y la deslocalización territorial un fenómeno central del México contemporáneo.

Hace más de seis años el EZLN anunció el colapso de la clase política que la actual campaña en favor del voto nulo y/ o la abstención evidencia. Para escándalo de algunos, los alzados no diferenciaron en su análisis partidos ni personalidades. Su diagnóstico ha demostrado ser certero.

En 2001, al legislar simulando reconocer los derechos de los pueblos indígenas, la clase política cavó un foso insuperable con amplios sectores de la sociedad mexicana. Cualquier regeneración de la política en este país provendrá no de los sótanos de San Lázaro ni del Palacio de Covián o de Los Pinos, sino de abajo y a la izquierda.

Luis Hernández Navarro
La Jornada


sábado, 6 de junio de 2009

La clase política, contra voto nulo

Las dirigencias nacionales del PRI, PAN y PRD calificaron de peligroso para la vida democrática del país, la postura de algunos sectores de anular y/o “votar en blanco” el próximo 5 de julio.

La presidenta del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, María del Carmen Alanís, pidió a los ciudadanos no desperdiciar la oportunidad de sufragar, ya que “esta es la única forma en que pueden participar directamente en la toma de decisiones públicas”.

Ante la creciente polémica sobre el voto blanco o nulo, el Instituto Federal Electoral (IFE) acordó ayer con los partidos y representantes de la sociedad civil debatir a partir del lunes el tema.

El consejero electoral, Virgilio Andrade, puntualizó que el debate pretende aportar mayor información respecto a las ventajas, desventajas, aportaciones o debilidades de elegir, primero, entre ir o no a las urnas, y después, elegir una opción específica o expresar un sentido de anulación del voto.

Sobre el tema, Jesús Ortega, líder nacional del PRD, aseguró que se trata de llamados “demagógicos y peligrosos”, ya que si se insiste en que la ciudadanía se aleje de los asuntos públicos y anule su voto, se contribuye “a sustituir sistemas democráticos por sistemas autoritarios”.

Germán Martínez, presidente nacional del PAN, llamó a los partidos a “defender la trinchera de la participación ciudadana” y pidió a la sociedad no hacer caso de las voces que llaman a la anulación del voto.

El secretario general del PRI, Samuel Aguilar, aceptó que el voto blanco debe ser un llamado de atención a los partidos, pero que se debe evitar que algunas siglas en lo particular resulten beneficiadas.

Las dirigencias de los partidos Convergencia, Verde Ecologista de México y Socialdemócrata consideraron, por separado, que anular el voto sólo permitirá que los partidos dominantes (PRI, PAN y PRD) conserven “como una perpetuidad ”los cargos de elección popular.



Consejeros del IFE en desacuerdo por el voto en blanco

Bajo Reserva
El Universal

El fenómeno “voto blanco” es ya inocultable. El creciente rechazo al resultado del sistema electoral de partidos divide opiniones. Los consejeros electorales, por ejemplo, no se han puesto de acuerdo. Dicen que necesitaron varias reuniones formales e informales antes de decidir cómo responder a la “ola”. Finalmente, la mayoría entre los nueve consejeros, incluido el presidente Leonardo Valdés, decidió convocar al foro para debatir el tema. Nos comentan que con Valdés están los consejeros Alfredo Figueroa, Francisco Guerrero, Virgilio Andrade, Arturo Sánchez y Marco Antonio Baños. Ayer todavía se palomeaban y tachaban nombres de conductores y politólogos que confirmaban o se abstenían de acudir al llamado. Difícil saber el resultado de este movimiento que, hasta donde se advierte, es espontáneo y civil. Lo que queda claro es que los partidos políticos deberían poner sus barbas a remojar: los ciudadanos están molestos, parece…

miércoles, 3 de junio de 2009

Soberbia ante el voto en blanco

Katia D'artigues
Campos Elíseos
El Universal

Sí es una gran ola. Pero los políticos, soberbios, no quieren verlo.

No es una “ocurrencia” de alguien con una filiación determinada llamar a “votar en blanco” o hacer un voto nulo para políticos nulos, como dice Carlos Páez Agraz en Guadalajara. Eso de ponerle “tache a todos”, como dice Gabriel Hinojosa Rivero en Puebla (y sí: es primo de Felipe Calderón Hinojosa).

De un mes para acá muchos hemos escrito sobre el fenómeno creciente del voto en blanco; del hecho de que siete de cada 10 mexicanos no piensan ni ir a votar… pero los políticos no acusan recibo.

O andan pensando, como también lo escribió José Saramago en Ensayo sobre la lucidez, que todo es producto de una suerte de compló… cuando —en la novela y en la realidad— se trata de un despertar ciudadano.

Peor. Si lo hacen, escriben para descalificarlo. Para muestra, el artículo que Germán Martínez publicó ayer en EL UNIVERSAL: “El voto nulo está movido por los mismos que antes de la alternancia con Vicente Fox gritaban (…) ‘choque de trenes’ que haría volar en pedazos a la nación. También me temo que son los que, luego de la victoria del presidente Calderón, clamaban a un presidente interino (...) cuando se les acabó el cuento del ‘Estado fallido’, son ellos mismos los que traen el voto nulo”.

O sea: todo es un compló de sectores del PRI y el del PRD-PT-Convergencia (juntos o separados… ya ni ellos saben) que… ¡los desacredita a ellos por igual! Fíjese.

Allá Germán y los demás políticos que les vale, porque están apostando a una elección de maquinarias/acarreos que nos desilusionará más.

El antivirus es sencillo: basta con subirse a algunas de las peticiones que se hacen a la par de votar en blanco, y que no escuchan. Como las candidaturas ciudadanas, aunque el tribunal ayer haya bateado a dos. La reelección de legisladores. La transparencia de los partidos.

Y otra: que se legisle el voto en blanco. Si una mayoría vota en blanco, que se repitan las elecciones con otros candidatos y, claro, menos presupuesto. En 2005, una diputada del PRD, Eliana García Laguna, presentó una iniciativa así. Debe estar en la congeladora.

Claro, también pasa que se necesita “autocrítica”… de la cual carecen los partidos políticos.

Ayer me topé con la página web de una ex panista desilusionada, Tatiana Clouthier, quien ahora con un matrimonio por conveniencia firmado ante notario con Nueva Alianza quiere ser alcaldesa en San Pedro Garza, Nuevo León.

En un video dice, tras llamar a los ciudadanos a abrir los ojos: “Si ya nadie cree en los partidos políticos, es porque empezamos a creer en nosotros mismos”.

Eso es lo mejor que podría suceder.

martes, 26 de mayo de 2009

Voto duro vs. voto nulo

José Antonio Crespo
Horizonte político
Excélsior

En una sociedad “sospechosista” hasta la médula, muchos se preguntan qué oscura fuerza está detrás de la campaña a favor del “no voto”.

Una de las inquietudes más fuertes ante el dilema sobre votar, anular el voto o abstenerse, es ¿quién resulta favorecido de un escaso voto efectivo? En una sociedad sospechosista hasta la médula, muchos se preguntan qué oscura fuerza está detrás de la campaña a favor del “no voto” (cualquiera que sea su modalidad), qué partido o personaje patrocina esa corriente de opinión. Hay quienes se niegan a creer que algunos ciudadanos simplemente no se identifiquen con ningún partido, que les han perdido la confianza, que están enojados con ellos por sus diversos abusos e injustificados privilegios y que se han organizado espontáneamente en diversos movimientos inconexos entre sí. No, un siniestro cerebro maestro, con aviesos intereses, debe estar detrás. ¿Quién? He oído y leído diversas teorías al respecto; el infaltable Peje, porque “busca destruir las instituciones”; el PRI, el PAN o el PRD, con la premisa de que alguno de ellos maneja un voto duro superior al de los otros o, ¿por qué no?, el villano favorito, al que hemos visto cómo jala todavía muchos hilos políticos. Tales teorías reflejan una crisis brutal de confianza pública, que descree incluso de la autonomía ciudadana.

Entrando en materia, si bien es cierto que hay diferencias significativas —simbólicas y políticas— entre la abstención y el voto nulo (con su variante de sufragar por un candidato independiente, como lo es la joven Elisa de Anda), las secuelas sobre el resultado final son similares: una y otra expresión de “no voto” favorece al voto duro, es decir, aquel que, bien por un convencimiento ideológico o por estar encuadrado en estructuras corporativas o clientelares, vota siempre por el mismo partido. Y, por eso, la mayor objeción a abstenerse de votar o anular el voto consiste en que, mientras mayor sea el “no voto”, más peso tendrá el voto duro de los partidos. Así es. Pero hay dos aclaraciones sobre ello:

A) No en todos lados el mismo partido es quien tiene mayor voto duro y, por eso, la pregunta de quién se beneficia del “no voto” no acepta una sola respuesta. Podemos partir de que las estructuras partidarias son más fuertes ahí donde se es gobierno: el PRD en el DF, el PAN en Jalisco y Guanajuato, el PRI en Puebla y Tamaulipas. En la pista nacional, se puede suponer que el PRI tiene todavía mayor voto duro y mejores estructuras electorales. Pero la tendencia a favor del tricolor aparecía aún antes de que se debatiera el “no voto”. Curiosamente, he podido observar que los votantes duros de cualquier signo y color tienden a pensar que el “no voto” favorecerá a sus rivales, más que a su respectivo partido, precisamente porque no hay claridad en todos los casos.

B) A quienes se sienten alejados de todos los partidos, por considerarlos esencialmente iguales en su ineficacia, corrupción, abuso e impunidad, les es indiferente el voto duro de algún partido, porque les da igual cuál de ellos gane. Por ejemplo, si ahora el PRI obtuviera una mayoría en la Cámara baja, no verían mayor diferencia respecto a cuando el PAN la ha tenido, o del PRD en la capital. De ahí que, para este segmento del electorado, no genere preocupación si gana un partido u otro —en distintas circunscripciones— a partir de su voto duro. Y es que se parte de que lo que está mal es el sistema de partidos en su conjunto, no un partido con respecto a otro. Desde esa óptica, votar implica respaldar y fortalecer la partidocracia. El voto nulo pretende generar una fuerte presión ciudadana para orillar a los partidos a aceptar reformas que limiten sus privilegios y fortalezcan políticamente a los ciudadanos. O , en el peor de los casos, hacer patente a los partidos el grado de inconformidad existente, en lugar de hacerles ver que estamos muy contentos y satisfechos con su desempeño y sus privilegios.

De tal forma que, si un ciudadano muestra preocupación por el voto duro, significa que no es indiferente a que gane uno u otro partido. Aquellos a quienes les molesta que, por ejemplo, el PRI pueda ganar la mayoría de diputados o el PRD repita en el DF o el PAN siga siendo gobierno en San Luis Potosí, en realidad no son indiferentes: consideran que un partido es peor o mejor que los demás. En tal caso, no votar resultaría irracional. Quien piense que el partido X de verdad es menos malo que el partido Z debiera votar por el primero. Por ejemplo, Mará Elena Morera ha escrito: “Echemos del poder a corruptos e ineficientes y premiemos a los que actúan con compromiso, y hayan privilegiado el bienestar de los mexicanos” (El Universal, 22/V/09). Evidentemente, quien pueda distinguir, como ella, entre un partido corrupto y otro comprometido, debe votar por el segundo (y ojalá nos compartiera cuál es ese estupendo partido). Para quienes no vemos con nitidez esa distinción, da lo mismo votar por el partido X que por el Z.

Incluso, ambas posiciones pueden ser albergadas por un mismo individuo —sin que ello implique una contradicción o un “voto esquizofrénico”—, como lo ejemplifica un lector de Excélsior, crítico del PRD capitalino: “Lo de anular el voto es una buena opción, pero si lo hacemos en las elecciones locales, como en el DF, favorecemos al partido que sea mayoría a nivel local. Así, con el PRD en el DF, anular el voto es casi como votar por esos bandidos. Para diputados federales, no veo problema en anular votos, pues son igual de inútiles unos (partidos) que otros”. De tal forma, quien piense que un partido determinado será motor confiable para reformar al sistema de partidos desde dentro, debería votar por ese partido. Pero quienes creemos que ningún partido está interesado en ello, podríamos anular el voto para presionar desde fuera la reforma de nuestro ineficaz y arbitrario sistema de partidos, más partidocrático que representativo.

Hay quienes se niegan a creer que algunos ciudadanos simplemente no se identifiquen con ningún partido.

lunes, 18 de mayo de 2009

Para políticos nulos… un voto nulo

Me encuentro, en diversos portales, mensajes y blogs de internet, varios ciudadanos y organizaciones que convocan a anular el voto o abstenerse en estos comicios intermedios, no siempre por idénticas razones, pero sí parecidas. Usan distintos lemas, frecuentemente creativos. Una especie de campaña underground que contrasta con la del IFE que exhorta a votar por algún partido. El Instituto asocia el voto por algún partido como la vía de cambio. Muchos pensamos, en cambio, que, en las actuales condiciones partidocráticas, un alto nivel de participación efectiva (por uno u otro partido) sería un factor de inercia y estancamiento, al validar a los partidos en su actual ruta. Uno de esos movimientos por el “no voto” utiliza el lema: “Un voto anulado dice más”, con el evidente propósito, no sólo de protestar a nivel individual contra todos los partidos (por no resultar convincente ninguno), sino hacerlo masivamente y que al menos quede constancia de la magnitud de dicha inconformidad.
Otro movimiento se denomina, de manera no muy rebuscada, “Yo anularé mi voto”, cuyos promotores sintetizan el sentir de muchos ciudadanos, que refleja una fuerte crisis de representación política: “Cada tres años (los partidos) llaman al pueblo a las elecciones. Despilfarran cuantiosas sumas del erario en campañas y encuestas para convencernos de darles unos minutos en las urnas; porque es a unos minutos que se reduce nuestra participación. Lo más absurdo es que nuestro voto es indispensable para que esta clase política usurpe nuestros derechos democráticos… Por eso no votaremos por ellos este 5 de julio. No seremos cómplices de su impunidad”, dicen ahí.
Otro movimiento, en Jalisco (desconozco si también está extendido a otras entidades), se denomina: “Para políticos nulos, un voto nulo”. El título lo dice todo. Hay también blogs especiales en torno a este tema, como lo es anulomivoto.blogspot.com. Ahí los participantes discuten si votar por algún partido político, el de su preferencia, el “menos malo”, o uno al azar, con tal de votar. O bien si es válido no sufragar por ninguno. Y, en otro plano, se debate si estratégicamente conviene más abstenerse o concurrir a la casilla y anular el voto. Se dan evidentemente razones en uno y otro sentidos. Los inconformes con los partidos reclaman su derecho a protestar contra el sistema de partidos (y, a veces, también contra el electoral). Y debaten cuál de esas expresiones, la abstención o el voto nulo, puede presionar más eficazmente a los partidos para que realicen reformas que incluyan en mayor medida a sus “representados”. También, se discute si el “no voto” (en cualquiera de sus dos expresiones) es un derecho, como parte de la libertad de votar (la cual implicaría también la de no votar). Yo así lo creo. Algunos polemistas en ese debate dicen que no es obligatorio votar por algún partido (como los “participacionistas” quieren). Dicen que eso es como elegir entre morir en la horca o en la guillotina. Quienes prefieren anular el voto insisten en que no se desea mandar el mensaje de la apatía (como comúnmente se interpreta la abstención), sino de rechazo activo y deliberado a todos los partidos. Concuerdo con ello. Es lo que suele llamarse “abstencionismo activo, o cívico”, pero que fácilmente puede confundirse con el abstencionismo apático o indiferente, si no se plasma en una boleta anulándola con claridad. Nuestra legislación no contempla el “voto en blanco”, como sí existe en varias democracias, es decir un espacio, en la boleta, especial para quien quiera votar por “ninguno”, en cuyo caso no tacha toda la boleta, sino sólo ese espacio creado como una opción legítima, una posibilidad de la libertad de votar. Habrá que empujar que en adelante se incluya ese derecho (que en general, aún los “participacionistas” reconocen como menos perjudicial institucionalmente que sólo abstenerse de ir a las urnas).
Un ciudadano abstencionista expresa, por su parte: “Se trata de no votar, no de anular el voto: un voto anulado brinda legitimidad al sistema, dado que, en las cuentas finales, gane quien gane, sin importar con cuántos votos, lo habrá logrado con un índice significativo de votos emitidos. La lección que requieren los partidos y los candidatos es que, si resultan elegidos, sea con un índice extremadamente reducido de emisión de votos: que quede claro que sabemos que no representan a nadie, más que a sus respectivos intereses”.
Por su parte, el Movimiento Segunda Generación promueve la anulación del voto en lugar de la abstención: “Si dejamos de votar, el gobierno cree que los ciudadanos no estamos interesados en las elecciones, si anulamos el voto mostraremos inconformidad con los candidatos; siendo ésta una democracia, tenemos el derecho de decidir no votar por nadie, dado que nadie nos convence”, asegura su líder, Gabriel Hinojosa, cuya campaña se denomina “Tache a Todos”. Y un ciudadano que coincide con ello, argumenta: “En vez de ser un ciudadano irresponsable que no cumple con sus responsabilidades sociales, este año ejerceré mi derecho a votar y cumpliré con mis responsabilidades sociales, anulando mi voto”. Yo coincido con esta óptica, pero seguramente muchos otros inconformes con los partidos no lo vean así, por lo cual es probable que el abstencionismo sea superior al índice de votos nulos. Sería interesante y conveniente que el IFE, en su empeño por abatir el abstencionismo, informara también a la ciudadanía la posibilidad de participar sufragando por un candidato no registrado, que es equivalente a anular el voto, algo aceptado por nuestro sistema electoral como legal y legítimo, pues incluso la boleta reserva un espacio para dicha opción. A menos, claro, que el IFE esté al servicio de los partidos, y no de la ciudadanía, que merece y requiere la información completa antes de tomar su decisión.
Sería interesante que el IFE informara también a la ciudadanía la posibilidad de sufragar por un candidato no registrado.

José Antonio Crespo
Excélsior