viernes, 3 de julio de 2009

Mi voto ¿nulo?


Jacobo Zabludovsky
El Universal

El próximo 5 de julio votaré con un tachón sobre las boletas.
México está envuelto hoy en la controversia política de más interés en los últimos tiempos.
Una elección en que no se decide la Presidencia de la República, que generalmente atrae poca atención y votantes, se ha colocado en forma súbita como tema de discusiones, polémicas, conversaciones y hasta pleitos familiares. El voto ha cobrado importancia gracias a la presencia abrumadora de ciudadanos que se oponen a depositarlo en las condiciones legales vigentes. Las consideran injustas, contrarias a la esencia de la democracia que es el derecho de elegir a sus gobernantes. El corsé explotó y la voluntad asusta a los dueños del mecanismo. Su impunidad y arrogancia los hizo olvidar que Lucifer no se fue al infierno por malo, sino por soberbio. Ahora son llamados a juicio mediante un procedimiento inesperado: el voto nulo.
Se abren posibilidades que es conveniente no confundir a la hora del voto. Cuatro entre las que me envían lectores iracundos son las más abundantes: no ir a votar, ir a escribir una mentada de madre en cada boleta, ir y dejar todo en blanco, ir a tachar cada nombre y logotipo.
No ir a votar es una conducta confusa: la abstención es característica de toda votación en México, su porcentaje suele ser altísimo y en la coyuntura próxima puede atribuirse a viejos vicios y no a este fenómeno de protesta popular. Si queremos expresar nuestro desacuerdo no podemos quedarnos en casa. Hay que ir a las casetas, comprobar que en la lista de ciudadanos registrados se anota nuestra presencia con los documentos que nos autorizan a ejercer nuestro derecho. Eso es muy importante porque permitirá que del total de votos depositados en cada caseta puedan restarse los tachados o en blanco y así hacer de ellos votos de repudio. Debemos hoy, más que nunca, ir a votar.
Las mentadas de madre carecen de validez legal. Aunque se escriban con buena letra no tienen fundamento jurídico que obligue al destinatario a acatarlas. Podrían ser tomadas por los escrutadores como un insulto y no como petición o consejo. Se sugiere no complicar las cosas. Lo ideal en este caso es hacer llegar el mensaje a quien corresponda y en propia mano, atención elegante que el hijo aludido deberá agradecer.
El voto en blanco, que en la última novelita de Saramago da lugar a una crisis más grave que la del ensayo de la ceguera, tiene una rendija peligrosa: nadie garantiza que una mano negra no rellene los huecos. Ya lo sé, representantes de todos los partidos vigilan la limpieza del procedimiento. Sí, pero son los que están contra la protesta, quieren que nada cambie, que el voto sea en favor de sus designados y no contra el sistema creado por ellos mismos. El voto en blanco es la iglesia en manos de Lutero. La ocasión hace al ladrón. De todos modos, los votos en blanco serán anulados. Y por lo tanto, contarán como nulos.
Por eso es mejor el tachón. Rayas cruzadas, atravesadas, engarzadas, curvas o rectas, que no dejen lugar a dudas sobre la intención del votante. Obsérvese que no es una abstención. Es un voto, una manera legal, porque no está prohibida, de votar. Es un voto que expresa una voluntad de influir para cambiar. Lo declararán nulo. De eso se trata. La declaración será certificado de nacimiento de una manifestación que, por pequeña que sea, nadie podrá ignorar. Constará en las actas. Votamos. Somos los del voto nulo. No tenemos pastor y no somos corderos. Somos los vecinos del 19 de septiembre de 1985.
Los poderes políticos y fácticos sienten pasos en la azotea. Presienten que más que un voto anulado es una especie de inesperado plebiscito. No hay manera de anular el voto nulo.
Defender el derecho de elegir libremente a sus gobernantes, es el propósito concreto de una población amorfa, vaga, pero tan real como su unión solidaria en un ágora de chips y .com.
Viene una contraofensiva. La gaceta religiosa dijo que la anulación es una actitud antidemocrática. Que debemos votar por candidatos. Representantes de sindicatos afines, líderes charros, gremios empresariales, intelectuales domésticos y artistas exclusivos expresarán su asco al voto nulo. Desde las telenovelas hasta los juegos de futbol se usarán para convencer al público del peligro de la anulación que pone en riesgo a la patria.
Pero no se le puede poner puertas al campo. La primavera ha venido, nadie sabe como ha sido. Sí se sabe, don Antonio: ha llegado por internet.
Y no se deje equivocar: anular es votar, no para matar a la democracia, sino para fortalecerla. Para anular lo que la agrede.
Es una forma de darle contenido a una mentada de madre.

La refundación


Sergio Aguayo
Reforma

Los partidos aparentan normalidad, pero están inquietos por la irrupción ciudadana en su mullida exigencia. ¿Modificarán su indiferencia y aceptarán una refundación que reduzca sus privilegios? El jueves 25 de junio debatieron, en las pantallas de Televisa, los presidentes de los tres principales partidos. Hubo pocas novedades en sus apreciaciones sobre economía y seguridad, los temas que eligieron. Germán Martínez y Beatriz Paredes reiteraron información e ideas para alabar a sus organizaciones, se lanzaron inofensivas puyas e ignoraron a Jesús Ortega. Sobre las turbulencias políticas guardaron silencio, como si en esa dimensión no pasara nada. Ortega fue el único que mencionó de pasada al movimiento para anular el voto. Lo descalificó con la ñoñería de que anular es "dar un cheque en blanco para que las cosas sigan igual". Una crítica superficial sobre una movilización ciudadana que, con su exigencia de reformas, ha calentado una elección cara y guanga. Cuando sienten amenazada la arquitectura política, los partidos borran cualquier diferencia y se atrincheran para defender su lucrativo monopolio sobre la vida pública. Los tres dirigentes reconfirmaron que sus lealtades están con el orden establecido convirtiéndose, con ello, en aliados conscientes o involuntarios de monopolios y oligopolios, gobernadores, sindicatos y capos del crimen organizado. Esta actitud ha repercutido negativamente en otros ámbitos estratégicos. En su afán por preservar empleos bien pagados, posiciones de poder y presupuestos, han recortado la autonomía de los organismos públicos encargados, en la teoría, de defender a las víctimas y al interés general. Salvo unas cuantas excepciones, los partidos han puesto, para dirigirlos, a personajes sumisos dispuestos a someterse a los intereses del gobernante o el poderoso. La ciudadanía está indefensa. Revisemos, con esta perspectiva, el caso de la guardería ABC de Hermosillo. Me salto por conocido el ofensivo tráfico de influencias y complicidades entre particulares y funcionarios estatales y federales para llamar la atención sobre la etérea participación de la Comisión Estatal de Derechos Humanos, que debería estar encabezando la búsqueda de justicia en el drama de los niños muertos. En entrevista telefónica, Catalina Soto, vocera del "Movimiento Ciudadano por la Justicia 5 de Junio", califica a la Comisión como la "ausente".
La ausencia resulta directamente del control que los partidos tienen sobre ese organismo. El actual presidente de la Comisión Estatal de Derechos Humanos de
Sonora (CEDH), Jorge Sáenz Félix, carece de experiencia o compromiso en el tema. Para asegurarse la subordinación del organismo, el gobierno de Eduardo Bours lo sujeta con el grillete financiero. La levedad del ombudsman sonorense es la norma; salvo contadas excepciones, estos organismos son adornos que intentan disimular, cada vez con menos éxito, la ausencia de un Estado de derecho. El Instituto Federal Electoral también se encoje frente a algunos temas. Jenaro Villamil, de Proceso y Carmen Aristegui, de MVS, han estado documentando que el Partido Verde Ecologista puso en los primeros lugares de su lista a ocho personas ligadas a las dos televisoras lo que garantiza a esas empresas un bloque de diputados. ¿No debería opinar el IFE sobre una simulación que distorsiona la letra y el espíritu de la Constitución? ¿No podrían los partidos pronunciarse sobre la impostura? ¿Tanto miedo le tienen a las televisoras? Anular el voto es una expresión de descontento que a mediados de junio contemplaba el 17 por ciento de los electores (Alejandro Moreno, "Temas para una nueva reforma electoral", Reforma, junio 28, 2009). Pese a su relativa importancia, el movimiento para la anulación del voto ha sido condenado hasta por el secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), José Miguel Insulza, quien pasó por alto que en su país, Chile, la opción está aceptada y reglamentada. Pese a las críticas, el movimiento ya pasó de la protesta a la propuesta. En la asamblea nacional realizada el 30 de junio, las diferentes organizaciones aprobaron una agenda mínima que, de prosperar, impulsará un rediseño de la arquitectura del sistema político. El 6 de julio se inicia una batalla larga y difícil porque el debate entre los presidentes de los tres grandes partidos mostró la determinación con la cual defenderán sus extraordinarios privilegios. En el choque que viene, nos jugaremos la esencia de la democracia.


La Miscelánea
Para solidarizarse con los niños sonorenses muertos en una de las mil 500 guarderías subrogadas por el Seguro Social (¿algún día nos entregará la lista, señor Presidente?), un grupo de ciudadanos sin partido político realizarán una marcha en el Distrito Federal el próximo sábado 4. Iniciará a las diez de la mañana frente al Seguro Social (Reforma 476) para caminar hacia la representación del estado de Sonora (Goldsmith 228, Polanco).


Correo electrónico: saguayo@colmex.mx

miércoles, 1 de julio de 2009

X


Jacobo Zabludovsky
Bucareli
El Universal

El próximo domingo votaré nulo. Mi intención, generada sólo por una ley electoral defectuosa, para presionar su reforma, podría tener muchos otros motivos. La semana ha sido pródiga en causas de protesta que un voto nulo puede desahogar, aunque se estrelle contra el muro del importamadrismo oficial.

No sé por dónde empezar. Por donde sea. Es igual. De pronto aparece el escudo nacional que interrumpe los programas más vistos de la televisión y el presidente Felipe Calderón, entre la bandera y la secretaria de Relaciones Exteriores, informa solemnemente al pueblo de México que una francesa secuestradora convicta y sentenciada no será extraditada a su país. Bastaba un boletín de prensa de seis renglones. O tres. Me imagino a Sarkozy de pronto en la televisión francesa para informar a sus compatriotas que un mexicano delincuente, confeso, procesado y encarcelado en París por delitos del orden común, no será extraditado a México. Esa misma noche la señora Bruni dormiría sola y su esposo con camisa de fuerza en un asile d’aliénés. Pero, claro, Francia y el México actual son países distintos, cada uno con sus costumbres y cada cosa en su lugar. Allá ellos. Nosotros estamos orgullosos de ser una república chocolatera marca Morelia Presidencial.

En cambio, la tragedia más grande de la historia de México en que las víctimas fueron niños, no mereció un mensaje televisado. Aunque sólo fuera para dar el pésame a los padres de 70 niños quemados vivos, 48 de ellos sepultados y los demás con lesiones graves, dolorosas, que les dejarán huellas físicas y síquicas irreversibles. Aunque sólo fuera para comprometerse con la justicia y manifestar una voluntad política de no dejar impune el complejo de delitos que, emanados de la corrupción, provocaron el desastre del sexenio.

Todo terminó, aparentemente, en la aprehensión de funcionarios de inferior jerarquía y un pugilato verbal entre el secretario de Gobernación y el gobernador de Sonora. “No le acepto al gobernador el tono altanero con que se refiere al Presidente”, dijo un secretario que está ahí por un dedazo, al hablarle en tono altanero a un gobernador que está donde está mediante el voto ciudadano en un estado libre y soberano. Dicho sea esto refiriéndome a las instituciones, no a las personas, después de que el gobernador elevó la discusión a las alturas del intelecto socrático al dictar cátedra: “Queremos saber a qué se refiere con eso de aventar la bolita”. No hay a quién irle.

Desde antes de que se enfriaran las cenizas, el procurador general de la República declaró que nadie iría a la cárcel y ahora, al atraer el incidente, como lo llamó el invisible director del Seguro Social, dirigirá las investigaciones que llevarán al resultado previsto: se los dije, y a otra cosa mariposa.

Es entonces cuando el presidente Calderón toma el toro por los cuernos y nos aconseja afiliarnos a los partidos políticos. “Si se quieren mejores partidos, particípese en los partidos, y si éstos no convencen, fórmense otros”, dijo. Nunca habló de reformar una ley injusta, para que coexistan partidos y otras maneras de registrar candidatos de acuerdo con el espíritu de la Constitución, que hace del derecho de votar por quien uno escoge libremente la piedra fundamental de la democracia. Para el señor Calderón no hay más ruta que la nuestra, como dijo el comunista Siqueiros. Yo creo en un camino probado en otros países, con partidos políticos que coexistan con organismos que ofrezcan más opciones. Que desaparezca el sistema monopólico del registro de candidatos, que no sea derecho exclusivo de los partidos políticos. Todo por la vía pacífica, respetuosa, dentro del marco de la ley.

Por eso mi voto será nulo. Si tuviera alguna duda me bastaría, para fortalecer mi convicción, ver quiénes reprueban esta forma reposada de ejercer un derecho. No debo estar tan extraviado si los que se creen dueños de la brújula, del rumbo y del destino, se muestran unánimes en urgir la presencia de un exorcista para que nos saque del cuerpo el espíritu maligno.

Que cada quien vote como se le pegue la gana y en santa paz.

Yo votaré con una X.

jueves, 25 de junio de 2009

El voto nulo crece por desinformación de partidos y candidatos a ciudadanos

El voto nulo, cuya intención entre la ciudadanía crece conforme se acercan las elecciones del 5 de julio, además de ser motivado por el rechazo al sistema político-partidista actual, se nutre de un componente adicional que es “la terrible desinformación” que existe por parte de partidos y candidatos sobre sus propuestas para construir un país mejor, afirma Óscar Espinosa Mijares.

El director del proyecto Cancha Ciudadana, colocado en el ciberespacio (www.canchaciudadana.org), deja en claro que en la contienda electoral que tendrá lugar en 10 días, “el enemigo a vencer, el mayor rival de todos, es el abstencionismo”, que sólo puede ser derrotado con la madurez de los partidos y candidatos, así como de la ciudadanía mediante una cultura política que parte de la información.

Creado por un grupo de nueve jóvenes mexicanos, Cancha Ciudadana es un foro apolítico de discusión y debate acerca del próximo proceso electoral, explica su director, quien se declara preocupado porque a pesar de las claras señales de hartazgo de la ciudadanía hacia las formas de hacer política en el país, los partidos y sus candidatos sustentan sus campañas en todos esos vicios añejos que el electorado ya no soporta.

Óscar Espinosa detalla:

“En esta Cancha todos los ciudadanos juegan. En Cancha Ciudadana los partidos políticos no son los dueños del balón, lo son los electores, que a la vez son los jugadores. Aquí los jugadores (la ciudadanía), tienen la oportunidad de desplazarse por la zona donde mejor se sientan, por el terreno que mejor pisen.

“Y como se trata de que éstos sean los auténticos ganadores en la disputa (electoral), en Cancha Ciudadana se les proporciona todo el conocimiento de las reglas del juego y de quienes ahí intervienen (partidos y candidatos), para que con su voto libre y soberano se conviertan además en los goleadores de la contienda”, explica de manera análoga a un encuentro de futbol.

Detalla que en ese website la ciudadanía encontrará la información más completa de cada uno de los mil 596 cargos electorales en disputa; de los contendientes; los distritos y municipios; las más recientes encuestas; cómo se ubican en este momento los aspirantes y, además, una radiografía completa sobre la situación económica, social y política del país.

Todo para que el ciudadano llene “la laguna informativa” que padece y con ello alcance una mayor conciencia y amplitud de criterio a la hora de emitir su voto.

Espinosa Mijares se dice consciente de que la votación del próximo 5 de julio se convierta en un hecho histórico, debido a la abstención y el voto nulo que se puede aplicar a partidos y candidatos contendientes, pero sostiene que, precisamente por ello, espacios como Cancha Ciudadana son importantes en este momento.

Aquí, explica, nuestra tarea no termina el 5 de julio; al contrario, lo que pretendemos con esta herramienta ciudadana es crear debate y diálogo permanente sobre los temas que importan a la ciudadanía, no solamente a los partidos.

Prácticamente en todas las ligas de Cancha hay espacios para la retroalimentación, para que el electorado exprese libremente su opinión y haga propuestas, que se interese y construya una auténtica agenda ciudadana que, de acuerdo con las condiciones políticas actuales, los partidos tendrán que retomar más temprano que tarde, advierte.

Samuel León Sáez y su hermano Santiago; Rodrigo Labarthe; Pía Silva; Beatriz Vázquez, Paulo Cantillo y David Figueroa, así como Halina Gutiérrez y Óscar Espinosa Mijares al frente, conforman el grupo de jóvenes que echaron a andar un blog de diálogo político en marzo pasado, pero debido a la calidad del espacio creció hasta convertirse en un ambicioso e interesante proyecto que hoy es toda una realidad.

martes, 23 de junio de 2009

Anulan su voto por desencanto


El sentir de los capitalinos respecto a los partidos y sus candidatos quedó de manifiesto en un sondeo realizado por EL UNIVERSAL, en pleno Zócalo de la ciudad de México.

Mediante una urna móvil, las opiniones se recogieron en papeletas con los emblemas de los partidos contendientes. En esos trozos de papel, varios ciudadanos optaron por no cruzar ningún logo de partido, sino más bien escribir de puño y letra su malestar con la clase política.

Y el resultado fue un empate entre el voto nulo y el voto por el PAN. La preferencia por el PRD se expresó muy de cerca, pisándole los talones.

Este ejercicio periodístico -sin fines estadísticos ni de encuesta- sirvió para conocer mucho más que la intención de voto de los ciudadanos, pues la inconformidad y la apatía electoral se mostraron con expresiones como las siguientes: "Por ninguno", "Ya basta de robar al pueblo", "Dejen de robar a México", "Todos los partidos son lo mismo, bola de rateros todos", "No tengo idea de quién podrá responderle a México".

Hubo quien de plano tachó todas las opciones, una por una, o la boleta de esquina a esquina: "No tengo preferencia por ningún partido" o "Gracias por participar". Incluso, alguien sugirió: "Que se unan y hagan cosas de calidad y confianza".

Estas opiniones guardó la "urna itinerante", que 10 minutos antes de las 11 de la mañana se instaló en el piso, muy cerca de la salida del metro Zócalo.

En los cinco primeros minutos sólo una pareja de unos 40 años de edad se acercó a ver de qué se trataba.

Con la boleta en mano, ella preguntó: "¿En cuál partido está López Obrador?". Su esposo le respondió con el dedo sobre la boleta. Y hubo alguien muy menor, pero más explícito que jalaba impaciente la falda de su madre y le decía "PRD, PRD".

Minutos más tarde, pero con la misma intención, una mujer de la tercera edad preguntó: "¿Quién es el candidato del PRD?, para saber si está con los Chuchos o con los otros, porque la gente de los Chuchos traicionó al PRD y al país". Y ya en su ánimo conversador, criticó la apatía de los jóvenes hacia la política: "Ya no son como antes, ya no les interesa la política. No son como en el 68".

Aunque empataron en cuanto al número de votos, no se escuchó ninguna voz que comentara algo sobre el PAN. Fue como un voto en silencio.

Votos pragmáticos

No habían pasado ni 10 minutos, cuando personal del gobierno del Distrito Federal y de la policía se acercaron a preguntar qué pasaba. Y aún con la respuesta satisfecha, cuatro uniformados se quedaron observando la dinámica discretamente; sólo uno de ellos se animó a participar.

Para otros electores, la decisión no dependió de convicciones, como la de un hombre de cabello blanco que sin pensarlo mucho marcó el logotipo de un partido y dijo: "Este está de moda".

A paso lento, un matrimonio se acercó a donde estaban las boletas. Él, con dos gotas como lágrimas tatuadas en la mejilla, preguntó de qué iba el ejercicio y sin pensarlo dos veces se animó a emitió su voto.

Pero los que hablaron de más, hasta repitieron frases de campaña de algún partido: "Que le den pena de muerte a los secuestradores; aunque sea con uno o dos que maten. Yo voto por éste", dijo un padre de familia.

Y no faltaron la curiosidad ni la apatía. La primera se detenían para escuchar las instrucciones del ejercicio. La segunda rehusaba a participar con el pretexto de "tengo prisa", "no, ahorita no", y "ahorita no puedo, con estos niños en la calle... hey, vámonos a desayunar a los azulejos...", dijo una mujer rubia, de piel blanca, vestimenta de marca y lentes oscuros a quienes la acompañaban. De todo había en el zócalo de la ciudad. (Con información de David Galicia y Juan Pablo Mayorga)

Anular es votar

Denisse Dresser
Reforma

Anular es votar. Es participar. Es ir a la urna y depositar una boleta para expresar el descontento con un sistema democrático mal armado, que funciona muy bien para los partidos pero muy mal para los ciudadanos. Hemos construido una democracia parcial en la cual existe la capacidad de votar pero no de sancionar. Es como si usted -lector o lectora- contratara a un empleado, le pagara el sueldo durante los próximos tres años, y no pudiera despedirlo o castigarlo si su desempeño es malo, o atenta contra el bienestar de la empresa. Eso es, en efecto, lo que hemos venido haciendo: votando por personas a las cuales nunca volvemos a ver, cuyo comportamiento en el Congreso desconocemos, cuyo incentivo para representarnos es nulo porque al final de su periodo saltarán a otro puesto. Porque no hay reelección pero sí hay trampolín; porque nos han otorgado la capacidad para llevar a alguien al poder, pero no contamos con instrumentos para asegurar que lo ejerza en nuestro nombre. La anulación no busca acabar con la democracia sino aumentar su calidad y su representatividad. La anulación no intenta dinamitar el sistema de partidos sino mejorar su funcionamiento.
Anular es votar. Es contribuir. Es ir a la urna y votar por "Esperanza Marchita" o por cualquier candidato independiente, usando el único instrumento con el cual contamos. El único mecanismo -imperfecto, difuso, chato- que nuestra democracia trunca ofrece hoy en día. Porque llevamos años pidiendo que los partidos democraticen el sistema, sin que lo hayan hecho. Porque llevamos años exigiendo que combatan la corrupción, sin que hayan mostrado la menor disposición a ello. Porque llevamos periodo legislativo tras periodo legislativo de bancadas que congelan iniciativas prometidas durante la campaña y archivadas cuando llegan al poder. Porque queremos ayudar desde afuera a los que están intentando reformar desde adentro; a aquellos que enfrentan cotidianamente la resistencia de partidos autistas que defienden intereses enquistados.
Y esa inercia no se puede combatir -ya lo hemos visto- con lo que algunos proponen como solución. No basta con formar otro partido, si acaba corrompiéndose para sobrevivir. No basta con cabildear a los legisladores, si su futuro no depende de escuchar a los ciudadanos sino de disciplinarse ante su líder parlamentario o algún poder fáctico. No basta con organizar otro foro -como los tantos que hubo en torno a la reforma del Estado- para fomentar la discusión si ese foro va a terminar siendo ignorado. El problema fundamental del sistema político es la ausencia de mecanismos que le den a la ciudadanía peso y voz. Los incentivos del sistema político están mal alineados: los legisladores no necesitan escuchar a la ciudadanía ni atender sus reclamos, porque la longevidad política no depende del buen desempeño en el puesto. Entonces, la anulación no busca destruir el andamiaje institucional sino centrar la atención en sus imperfecciones y en lo que falta por hacer y mejorar.
Anular es votar. Es tratar de componer lo que está descompuesto. Es usar esta oportunidad para cambiar un sistema que privilegia la rotación partidista por encima de la representación ciudadana. Es usar esta oportunidad para rediseñar las reglas y no sólo votar para darle un par de curules más al PRD o al PAN. La anulación no entraña dejar en manos de otros la decisión, sino crear la condiciones para que los ciudadanos verdaderamente cuenten. La anulación no entraña fortalecer el "voto duro", sino crear condiciones para que se vea reemplazado por el voto ciudadano. Para que el acarreo corporativo vaya perdiendo peso conforme aumente la participación de personas que creen en las instituciones en vez de desconfiar de ellas. Para que en lugar de cortejar a Elba Esther Gordillo o a Valdemar Gutiérrez, los partidos se vean obligados a cortejar a personas como usted.
Anular es votar. Es contribuir. Es diagnosticar problemas con la intención de proponer soluciones. Es apelar a los partidos para que comprendan la crisis de representación que han creado y busquen maneras de afrontarla. Y aunque el movimiento impulsado entre tantos mexicanos reúne diversos reclamos, parece haber consenso en torno a algunos ejes. La necesidad de darle a los ciudadanos una forma de castigar o premiar a sus representantes. El imperativo de las candidaturas ciudadanas independientes. La reducción del financiamiento público a los partidos. La posibilidad de incorporar figuras de participación directa como el plebiscito y el referéndum. La propuesta de atar el voto nulo a la cantidad de recursos que se destina a los partidos.
Todo ello con la intención de fortalecer a la democracia y asegurar su representatividad. Todo ello con la intención de empujar a los partidos a enarbolar reformas que tanto resisten. Porque como decía Barack Obama a lo largo de su campaña presidencial: "el poder nunca concede por su propia cuenta". Y la anulación del voto es una forma de obligar a que lo haga en nuestro nombre.

DIFERENCIA ENTRE ABSTENCIÓN Y ANULACIÓN DEL VOTO

Abstención es avalar; es decirles que estás conforme con quien resulte ganador, que no te importa quién gane.
Anulación es PRESIONAR PIDIENDO UN CAMBIO.

¿POR QUÉ?
20 % DE LOS VOTOS NULOS HACEN NULA LA CASILLA.
20 % DE LAS CASILLAS NULAS HACEN NULO EL DISTRITO.
20 % DE LOS DISTRITOS NULOS HACEN NULA LA ELECCIÓN.

Fórmula para obtener y/o conservar el registro ante el IFE y por lo tanto mucho dinero:
VOTOS RECIBOS POR ESE PARTIDO/VOTOS EN LAS URNAS (LOS VOTOS EN LAS URNAS SON TODOS LOS VOTOS EJERCIDOS + VOTOS NULOS).

El 2% es el mínimo necesario para obtener y/o conservar el registro ante el IFE. Por lo tanto, si aumentamos el universo de votos contenidos en la urna, el porcentaje a favor de ese partido disminuirá. Por lo que si no estamos de acuerdo con ninguna de las propuestas o candidatos, una opción que tenemos para deshacernos de esos vivales y que sus partidos pierdan el registro, es que en lugar de abstenernos, anulemos el voto. Si consideramos que se estima un 70% de abstencionismo, cambiemos la historia y en lugar de 70% de no ir a votar, seamos 70% de votos nulos.
El voto nulo no elige a nadie, pero cuenta y cuenta mucho porque baja el porcentaje de participación económica de cada partido ante el IFE.
Asi que en esta elección si tú no querías ir a la casilla a votar, por flojera o cualquier otra razón, piensa ¿qué será mejor? Decirles: “Estoy conforme con quien resulte el ganador y no me importa quién sea.” O que les digas: “¡No! Ninguno de los que me pones me gusta o ninguno me satisface, y te voy a bajar el sueldo o a quitar el registro.

Si tú aún no votas, coméntalo con los adultos cercanos a ti. Espero que cuando seas mayor de edad esto ya sea diferente para los de tu generación.
Si tú eres político, se que esto no te va a gustar porque va en contra de tus intereses y los de los partidos, pero vale la pena intentar un cambio en México y que los ciudadanos tengamos mas participación en la política y que ustedes dejen de ser los dueños y vivales del país.

Mayor información:
4000x25x10. Un millón de mexicanos por la dignidad ciudadana.
Ley Federal Electoral, Libro Sexto, Capítulo Único, Artículos 299, 300 y 301.